sábado, 25 de agosto de 2012

Ochenta y nueve

Cuando estaba en el pueblo, allá por principios de agosto, mi madre me mensajeó diciendo que sería operado el 24-08-2012. Parecía una fecha muy, muy, pero muy lejana. Hasta que llegó (quien no sepa qué día es, consulte calendario).

Da la casualidad que fue ayer (si habéis mirado el calendario, no ha servido para mucho). Ocho horas antes, tenía que estar en  ayunas, sin comer ni beber NADA. Tenía cita a las cinco de la tarde en el hospital. Fueron muy puntuales. Contaré el proceso:

Entré, y esperé en un pasillo-sala de espera. Me llamaron por megafonía, raro en un hospital. Crucé una puerta con el número cuatro y una enfermera me llevó de la mano a una sala donde me tenía que cambiar. Cambiar, cambiar. Me tenía que quitar todo, todo. TODO, y ponerme un camisón con topos azules o rosas, me permitieron elegir. No tengo nada en contra del rosa, pero el azul me gusta más. Me tuve que poner una red verde en la cabeza y un par de calzas de plástico en los pies, que debido a dicho material, me sudaban más una persona suda asando pollos.
Salí de mi estancia- vestidor y me condujeron a una sala contigua con tres camas, tumbándome en la tercera, más lejos de la puerta. La enfermera, antes nombrada, me dijo que debajo de las sábanas, me quitara todo. Todo. TODO. Qué vergüenza. Mantuve una charla con la podóloga sobre la serie de Antena 3 "Pulseras Rojas". Os preguntaréis por qué surgió ese tema. Porque me puso una pulsera blanca y me recordó, ni más ni menos. Instantes después, las dos mujeres hablaron sobre "una que estaba en esa planta, y que la subieron a Maternidad. Menuda zorra estaba hecha.
Llegó un celador muy majo que me trasladó a segunda planta. Me metió por una serie de pasillos en los que yo me perdí. Llegó un momento que no sabía donde estaba. Y si tenía que salir de allí, ¿cómo lo iba a hacer sin que me detuvieran? Mi viaje inaugural tumbado en la cama con ruedas terminó en el quirófano, adecuado para lo que me iban a hacer, al parecer.
Llegó el podólogo que me iba a hacer el "apaño". Pero me miró el dedo, y su cara lo dijo todo: AMPUTACIÓN.
Es broma. Era una gilipollez. Tardaron pocos minutos y con menos anestesia de la esperada. No me dejaron verlo, porque en cuanto me veían inclinar la cabeza, me llamaban la atención. Y no estaba en condiciones de cabrear a la persona que iba a... 
Salí, y volví a recorrer los pasillos y el ascensor. El celador que me llevaba se encontró con una mujer que acababan de ascender a Maternidad. En una sala donde finalizaba el TOUR, una enfermera joven me dio algo para vestirme y me ayudó a llegar andando a una sala donde me proporcionaron un sandwich y un zumo. Por tenerme tantas horas sin comer ni beber, ¡qué menos!

El resto ya fue, ponerme mi ropa normal, y salir de allí. Me gustó la experiencia, y es especial, porque nadie que vaya a un hospital le gusta, salvo a mí.
Ahora sí que veo claro a qué me quiero dedicar.

Ochenta y ocho

¡Hola a todos! Después de más de un mes sin aparecer, aquí estoy de nuevo, dándolo todo. 

Todo este tiempo, estuve en el pueblo. La biblioteca que contaba con ordenadores y que abre en verano, no ha abierto este. Al principio, porque la mujer troglodítica que tenía que abrirla, estaba preparando una obra de teatro con los más jóvenes para estrenar en las fiestas patronales. Después, por pura "vagancia".
Ese motivo es el que me ha tenido incomunicado todo este mes.
Desde mi móvil no podía escribir aquí, lo que dificultaba aún más.

Pero eso se acabó, ya vuelvo y todo se reanuda.