lunes, 22 de abril de 2013

domingo, 21 de abril de 2013

Ciento doce

Por alzar la voz se han conseguido hechos memorables y se han perdido incontables vidas. Pero los que lo hicieron nunca tuvieron miedo y pasara lo que pasara lucían orgullosos su cabeza alta. No tenían miedo a los caciques que los gobernaban o esclavizaban, porque cuando iban con sus seguidores detrás se sentían acompañados, se notaban dotados de una fuerza mayor. 
Pero en la historia siempre ha habido traidores. Los que se jactaban de gestas valientes y honrosas que no les pertenecían. Los que prometían dar y defender y no lo hacían, pobres sumisos. Dóciles, como perros y peligrosamente astutos como zorros, a la vez. Los que cuyo "¡Ayúdame!" hacía replantearse ayudar a los receptores del mensaje. 
Lo que no es razonable o adecuado es que paguen justos por pecadores, valientes por cobardes. Los principios que cualquier individuo con razón tiene, son para seguirlos día a día, como los preceptos de determinada religión. La valentía se debe llevar por bandera, siendo cuidadoso de cuando usarla, evitando que sea de cristal, cuando al mínimo golpe puede quebrarse y dividirse en pedacitos diminutos.
Pensad, lectores, en qué hubiese ocurrido en la historia sin pronunciamientos valientes y sin levantamientos de la población que acabaron con duros regímenes tales como la Revolución Francesa. Pensad en qué consecuencias sociales tendría en el momento actual que vivimos. Quizá por esto estuviese siendo buscado por la Inquisición. 
Prefiero seguir mi doctrina a doblegarme ante el trato injusto. Antes alzar la voz para defenderme.