miércoles, 27 de junio de 2012

Ochenta


Hoy será el día que llevo esperando meses. Será prometedor. Un día memorable, qué duda cabe. Así espero que sea, con todas las fuerzas que soy capaz de poner con mi cerebro de ridícula madurez y  experiencia.
Hoy, va a ser el día. Esta va a ser la noche.
No es el día de mi primera borrachera (o sí, dependiendo de los que estarán conmigo), no es el día de mi primer polvo (o sí), no es el día del examen vital, no es el día del juicio final (o sí), no es el día de mi entrevista de trabajo en un ayuntamiento como funcionario ayudando al corrupto del alcalde.
Hoy no me llamarán de la NASA para que vaya a Marte a ver a mi profesora de química.
Hoy no experimentarán conmigo una vacuna contra el cáncer de mama, y no creo que lo hagan nunca.
Hoy es un día en el que estaré es un sitio en el que nunca he estado, nuevo para mí, mis sentidos.
Iré a un sitio a muchos kilómetros de mí. Puedo ir andando a la perfección pero llegaría un poco cansado cosa que mis músculos de adolescente no pueden permitirse...
¿A dónde iré?

a) A Disney Land.
b) A Marina D´or.
c) Al Palacio de Buckingham.
d) A Narnia.
e) Otros.

Setenta y nueve

Soledad, motor de vida de los grandes. Algunos trinfaron solos, y así murieron.
Soledad tentadora, me llama ahora cuando más cerca estoy de caer en ella. Un trato me ofrece: Un euro por mi muerte.
Soledad, vieja enemiga del equipo, directora de la vida de uno mismo.
Soledad, nombre de mujer.
Soledad, sentimiento que se recrea en el momento en el que estás solo.

Soledad, perfume de los desamparados, veneno para los débiles, cuchillo para los suicidas.
Qué bien me viene la soledad en este momento. Cuanto más me concentro.
La soledad no da nada que no puedas encontrar estando muerto. ¿Disfrutas en tu plenitud del mundo? 

"La soledad es muy hermosa... cuando se tiene a alguien a quien decírselo". Frase de Gustavo Adolfo Bécquer. 
Me gusta, me da mucho que pensar. Es una de las citas que conozco que más se me define.
No me gusta estar solo. No me gusta que carguen contra mí. ¿A quién le gusta?

martes, 26 de junio de 2012

Setenta y ocho

Qué agobio. Me está costando respirar. Cuanto más aire inhalo, menos me relajo, y me cuesta pensar.
Voy a empezar a fumar. Porque dicen que ayuda a adelgazar, porque te hace más enrollado a ojos de los más rebeldes de la clase. 
Voy a empezar a fumar. Pero no solo por esas razones tan obvias como absurdas, sino por esto:


Gracias a esto, me voy a dar por entero al tabaco. 

Setenta y siete

Ya voy a partir hacia el hospital. Las cosas se deciden hoy:

¿Me operarán o no?
¿Me limpiarán el pus de la uña o me mandarán a casa?
¿Tendré que usar mi faceta de actor para que me metan en la sala de operaciones o lo del dedo es más grave de lo que parece realmente?
¿Podré irme de vacaciones, o seré esclavo sumiso de las tardes al sol?

Para mí es muy importante, aunque habrá casos y casos. Yo no creo que lo que tenga sea digno de perder unas vacaciones y es lo que más me jode. Precisamente eso. Me quedan **€ + dinero del cumpleaños= suficiente para la metralleta.
Cumpliré mi sueño. Matar a quince alumnos o bañarme en el mar. Algo se cumplirá, seguro.
Bueno, ya me he vestido. Voy en chanclas para parecer que no puedo ir con los zapatos del dolor que me producen. Lo peor es que cada vez es más verdad.

Pero confío en que no sea nada. Contaré más conforme vayan sucediendo los hechos.

lunes, 25 de junio de 2012

Setenta y seis

Ya estoy extraoficialmente de vacaciones. En realidad, acabo el 26, pero no hacemos nada una vez acabados los exámenes finales, o mortales, recientemente bautizados.

Conforme van pasando los días de mi nueva rutina, tengo más pereza a la hora de hacer cosas. Hace bastantes días que no escribo ni una palabra en este blog, y no sé por qué me pasa esto. Cierto es, que necesitaba el descanso y el verano más que otra cosa en el mundo, pero también es cierto, que con ello, estoy perdiendo mis hábitos.

Quería hacer una entrada, claro. La anterior la hice a gusto, aunque a desgana. No sé si me entendéis. Pero cada día, estoy más lejos de volver a ser el chico que escribe todos los días de la enemiga Sociedad. Volveré, ya lo estoy intentando.

Esta semana, a primeros, iba a irme al pueblo, lo que bloqueaba mis ganas de escribir. No podría de ninguna de las maneras. Pero gracias a cierto miércoles y a ciertas notas del jueves, viajo a la entrega de estas, por la mañana.
Me gusta el pueblo. Me encanta.

Compañeros de mi clase llevan diciendo todo el curso que quieren vacaciones, y a la hora del descanso, no les gusta porque se aburren. Pues no lo entiendo. A mí me gusta descansar. ¿A quién no? A ellos.

Vacaciones, vacaciones. El dedo me puede privar de ver el mar, aún no está seguro que pise la arena.
Ese es el único problema que me causa el verano, a aparte de los 40º que pueden caer sobre nosotros en cualquier momento.

Setenta y cinco

Hace dos días fue mi primera visita a la piscina municipal. Muchas anécdotas son dignas de entrada. Muchas son dignas de reflexión momentánea. Aquí muestro las primeras:

  1. Mi llegada al nuevo día a las 12:00
  2. Los preparativos para ir a la piscina.
  3. La preparación de un exquisito plato: unos bocadillos.
  4. La recogida de las cosas que se acaban olvidando.
  5. El peso de la bolsa hasta llevarla al maletero del coche.
  6. El viaje en coche.
  7. La búsqueda de aparcamiento durante quince interminables minutos arropados por una temperatura altísima.
  8. El esperado aparcamiento.
  9. La entrada a la piscina.
  10. La búsqueda de sitio.
  11. La extensión de las toallas.
  12. El suelo perimetral a la piscina al rojo vivo.
  13. El agua heladísima.
  14. La Coca-Cola de después.

Me tiraría así todo el día, pero la explicación vendrá en la siguiente entrada. Lo cierto es que no lo pasé mal. Me gustó vivir la experiencia de nuevo.