Me gusta cambiar, innovarme, renovarme, limpiarme del desecho del último cambio.
Me gusta, así lo veo.
Ver siempre a la misma gente es bonito, agrada, pero agota.
Malo es acostumbrarse a lo que uno ve a diario, y también es malo no hacerlo. Es algo que te pierdes.
Cambiar, no sentir nunca lo mismo que el día anterior, y sobre todo, no saber qué te vendrá mañana, son sensaciones que me gusta sentir.
Cambiar de gentes, de aires, hace falta. En ocasiones, te ayuda a despejar la mente de asuntos en los que no quieres pensar y que si lo hicieras, te tendrían que agarrar de la mano para no tomarte un bote de pastillas para dormir.
Arriesgar, tirar la casa por la ventana, ¿por qué no? No iría nada a peor.
Pero ¿y si en uno de esos cambios te sintieras tan bien que no quisieras cambiar hasta una turbulencia que lo mereciera? Cuando tu opinión se tiene en cuenta, cuando te quieres cerciorar de que de verdad influyes. Cuando quieres sobresalir por algo que a la gente le hace feliz. Y tú, cuando tú disfrutas.
También he pasado por eso. Pero soy una persona cualquiera, mediocre. Y no puedo restaurar lo renovado.
Eso, no quiere decir que no lo haya intentado.
Me sangré las rodillas intentando que todo fuera como cuando era feliz, pero irreversible es el proceso ya explicado.
¿Quién no quisiera poseer una máquina perfecta capaz de controlar la cuarta dimensión para usarla a nuestro antojo y moverla según sus intereses? Hablo de una máquina del tiempo (simplificado).
Con ella se molderaría el tiempo al gusto de cada uno de los millones de humanos que poblamos este miserable mundo. Se tendría que usar teniendo en cuenta los usuarios que la utilicen. Y no puede haber 823473823457483299238473829 tiempos.
Probablemente con ello, los enfermos mentales serían los más cuerdos.
Dichas máquinas destructoras de corduras, servirían de canal abierto a reparar errores del pasado, a impedir muertes innecesarias.
A ser bueno y borrar el momento en el que fuiste malo.
A reparar, cambiar, innovar, renovar.
Limpiar los desechos del pasado. Errores corregibles con el rotulador seco de un profesor decapitado por su egoísmo y propia satisfacción.
Porque la gente mediocre, nace, crece, vive, y muere siendo igual. Que consigas grandes fortunas no quita que seas peor.
Eso no es remediable. Y gracias doy a que no lo es.
Renovarse, dar paso a etapas de vidas enterradas que como buen desenterrador debes desenterrar. Que sean buenas o malas, eso ya lo ves antes de excavar en la tierra sucia.
Exponte, arriésgate, renuévate, cambia, que irá a mejor si lo haces bien.
Aunque lo hagas deficientemente, nada alterará tu camino si tú no lo alteras.
Es así de simple, no tiene más misterio.
Me gusta cambiar, innovarme, renovarme, limpiarme del desecho del último cambio.
Me gusta, así lo veo.
Y últimamente, viene bien.