Me está entrando sueño. De repente ya no siento nada. Estoy aparentemente, en una especie de Cielo. Lo que más me extraña no es el Sol a lo lejos, a mi parecer, mi objetivo en la vida, un renacer; ni una llanura inmensa que abarca hasta donde la vista alcanza, simbolizándome una vida por delante, que estoy empezando, que aún estoy muy alejado de mi Sol.
¿Pero qué hago aquí? ¡Si soy ateo!
Seamos blancos o negros, ateos, cristianos, musulmanes o judíos o mujeres y hombres, TODOS tenemos un Cielo, todos tenemos un lugar donde desearíamos estar siempre, después de esta vida.
¿Alguien ha dictaminado que se tiene que apresar a los judíos y torturarles hasta la muerte? Sí, Hitler. Pero ese recibió su castigo. Y acabó por suicidarse. ¿Alguien ha dictaminado que se deba apresar a los débiles, siendo tú el más fuerte y poderoso? Sí, Gadafi. Pero ese recibió su castigo. Le mataron sus propios súbditos.
Por lo único que hay que juzgar en la vida es por los malos actos. No puedes matar e irte de rositas. Porque entonces estás cada vez más lejos de ese cielo. De tu lugar. No puedes violar, robar, maltratar, engañar... Porque todo eso te aleja. Te aparta de lo que es bueno para ti, porque has hecho daño, el mal a otros.
Al morir todos deseamos ir a ese lugar donde viviremos tranquilos y en paz. Pero los asesinos no han oído hablar de esto:
Cuando se produce una muerte violenta, el alma se queda entre dos mundos.
Yo ya he llegado. Ya he llegado a mi lugar de paz. A mi Cielo. Que no es un cielo cristiano ni público, sino que es mío. Mío. Porque es así como yo veo la perfección. Pura, con un Sol al final y un montón de nubes. Para mí.
Eso significa que...¿Habré muerto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario