jueves, 10 de mayo de 2012

Treinta y ocho

Cómo eres, cómo eres. Intentaba hacerlo pero es que ya no te aguanto. Y lo peor es que no puedo evitarte porque nos vemos todos los días.
Lo malo de una persona egocéntrica es que no se da cuenta de lo que hay a su alrededor, y cuando lo hace, muchas veces es demasiado tarde.

Persona poderosa, aparentas considerarte. Y probablemente lo seas, pero no me importa nada. 
Haces gala de tus bienes materiales simplemente porque puedes tenerlos y porque opinas que eres clara merecedora de ellos. 
Pero haz balance, si tu ego te lo permite. Vamos, hazlo. Y dime lo que te dice.
No es de merecedor juzgar sin conocer. Tampoco juzgar si no se quiere ser juzgado, ni mucho menos juzgar a alguien que es inferior a ti por algo que no se puede remediar. ¿O sí?
Porque, ¿de verdad piensas que lo mereces más que cualquier otro? Muchos factores me hacen dudarlo. 
¿Alguna vez has pensado en tu vida, con tu mismo nombre y aspecto, sin todo esos bienes que atraen a curiosos acomplejados? Qué cosas digo, ¿eh?
Porque tal es tu sed de esas miradas de envidia que fluyen hacia la preciada joya que posees. Tal es tu hambre de frustraciones ajenas. 
Disfrutas. Amargas.
Difícil es no acercarse a ti cuando tienes ese objeto que te permite hacer algo que los demás no pueden. Porque actúa como un imán pegado a un frigorífico. 
Pero ¿y si desapareciera? Tanto regocijo se esparciría.

Esa personalidad visiblemente influyente a simple vista. Envenena. Pero no a la persona contagiada. Si no al gentío expuesto al contagio. Envidia se llama la enfermedad de los demás y egocentrismo la tuya. Aún no se ha descubierto cura. Lo siento.
Habla, si lo que hablas es de valor. Hablar por hablar es expulsar sonido hueco por la boca. Algo estúpido, innecesario para oídos ajenos. La gente se da cuenta. No soy el único que lo piensa. 

Aprende a utilizar lo de dentro para que algún día te sirva de algo lo de fuera.

Aprende, que en esta vida, no todo es lo que tú representas, aunque lo parezca. Aunque parezca lo más corriente del mundo, no.
Porque ser humilde no es caer bajo. Es ponerte a la altura de los que viven contigo el día a día. Y cuando estés con ellos, por favor, coge el cuchillo y raja tu ego y déjalo malherido. Pese a que luego sane la herida.
Pruébalo. 

Qué cojones, siempre serás así. No hay quien te cambie.

2 comentarios:

  1. Y luego están esos egocéntricos que viven de las apariencias. No sé qué es peor, si los que aman su dinero y no pueden vivir sin él o los que piensan que lo tienen.

    ¿No te recuerda a cierto hidalgo de uno de tus últimos libros leídos?

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  2. Sí, pero en el caso de la persona de la entrada, sí que tiene €.

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