sábado, 2 de junio de 2012

Sesenta y uno

Odio a las personas que se hacen las víctimas. Las odio.
Si sientes tristeza, suéltala. Si algo te oprime el pecho, échalo. Pero no finjas algo que no tienes. Ni lo hagas más grande. No hagas grande una cosa insignificante.
Odio a esas personas. A las que no tienen otro recurso que llorar o parecer frágil, para caer bien. Eso demuestra que están vacías por dentro. Aunque sí, tienen astucia.
Odio cómo se muestran, como comparten sus degracias con sus conocidos, amigos.
Sea joven o adulta la persona, me repugna su victimismo. Su fragilidad me bloquea.
No digo con ello que sea débil, pero sí con el fin de dar pena.
Pero eso no durará eternamente, y algún día les pasará factura. 
Desde luego, yo no soy de esos. Y es una de las cosas de las que más estoy orgulloso en mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario