sábado, 12 de abril de 2014

Ciento diecinueve

Dije que volvería, y vuelvo, porque siempre vuelvo. Como cualquier goma, dispuesta a estirarse, cuanto se pueda, para volver de nuevo a la posición inicial. Móvil. Adaptable.

Solo me compongo de putrefactas ilusiones, quizá puras y pecadoras, que resisten cada vez menos los golpes del mazo. Que nadie me eche de menos ahora que todavía puedo ayudar, porque cuando desaparezca seré difícil de recordar. He dado lo que no tengo y lo que nadie me ha dado, para ser valorado (y por eso he llorado).

Ayudadme cuando esté en el suelo, incluso más abajo, no cuando otros ya me hayan devorado. 
Cuando veáis una gota en mi cara y también cuando necesito ayuda pero no la pido. Hacédmelo fácil.

miércoles, 17 de julio de 2013

Ciento dieciocho

Castígame porque he sido malo.
Te doy permiso para que uses cualquier arma, sin pensar en cual, para hacerme daño. Porque lo merezco. Si hubiese un diluvio de lluvia ácida en este preciso instante, dudo que Noé me salvara. Tampoco me subiría a su arca majestuosa para rodearme de seres superiores a mí. Me desmotiva. Nadar en agua en su punto de ebullición me merezco. Porque he hecho algo que haría que Hitler volviese de la muerte para rociarme veneno en el rostro hasta dejarme descansar ininterrumpidamente. Te ruego que me impongas una sanción, porque las promesas se cumplen, he aquí fallé. Jurar en vano tiene sus consecuencias, esas que te pido que se conviertan en latigazos con los que herir mi cuerpo hasta dejarme en los restos. Rogaré al cielo para que me acusen de víctima. Lloraré lo inventado para que me tachen de mentiroso. Me jactaré de heroicidades de plástico para que me dejen  como máximo exponente de la prepotencia conocida. Hasta que me castigues y me des mi merecido. 
A cierta altura caeré si así me lo estás pidiendo. Háblame como puedas, aunque no sea a través de vulgares palabras y paganos gestos. Para mí la divinidad no existe, pero sí mi conciencia que fue testigo de mi brutal y reprochable hazaña. Cruel castigo que con gusto recibiré aumentado. Bailar entre las llamas haré si lo insinúas, rezar a lo invisible si lo señalas. 
Pero muéstrame cómo equilibrar la balanza que comparto con el mundo, en la que ahora yo, reposo sobre la parte más baja.

martes, 9 de julio de 2013

Ciento diecisiete

Una vez, no recuerdo cuándo, dónde ni cómo, escuché que, al final, duele más el silencio de tus amigos que las palabras de tus enemigos.

viernes, 5 de julio de 2013

Ciento dieciséis

Me dejo llevar como un trozo de plástico que han lanzado a un río con el objetivo de contaminar. Los espectadores desde el puente me miran, y se decepcionan. Me mojo y se decepcionan pero no hacen nada por impedir mi hundimiento.
A pesar de que no estoy cómodo, me dejo llevar. Dejarse llevar es mejor que hacer cosas y mejor que luchar contra lo que te arrastra quién sabe dónde. Espero a que me ayuden porque sé que alguien lo hará, siempre alguien lo hace. No intento escabullirme, me dejo llevar sin revolverme. Si intento escapar, empeorarán las cosas. Dejaré que alguien acuda en mi ayuda y me salve, con la condición de prescindir del beso a diferencia de los cuentos nocivos de Disney.
¿Pero, y si encuentro algún obstáculo que me impida continuar mi viaje siendo arrastrado por el supuesto río en el que estoy inmerso? Tranquilidad.
Ese héroe salvador vendrá, me aliviará del mal y me protegerá de mis miedos más temidos, de mis enemigos más odiados de los problemas que se resuelven con una soga alrededor del cuello. 

Por eso es mejor dejarse llevar mientras que ves peligros invisibles.

El vaivén de mi alma supura. La herida se expande. Me rompo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Ciento quince

Caminando solo por una calle fría, deseando volver a casa, anhelando compañía y rechazando problemas.
Carcajada, reír por no llorar.
Soledad, una deuda que aplazar.
Biblia, un libro sin terminar.
Caminando por una avenida concurrida, deseando una llamada de teléfono, anhelando compañía con la que compartir esas luces y esos gritos de felicidad.
Pisada, una bala en el corazón.
Ruido, un premio para el ladrón.
Copa, una nota de diapasón.
Caminando por una vereda oscura, deseando un sonido externo, anhelando un aullido que recuerde al lugar.
Roca, una isla para gobernar.
Trueno, un  a quien manipular.
Polen, enemigo al que erradicar.

El tacto de un libro viejo hace más soportable el daño que la solución de la vida produce en nuestra mente.

sábado, 8 de junio de 2013

Ciento catorce

La hormiga camina largas distancias hasta ser pisada por otra animal más grande, con el alma negra por el tabaco y putrefacta por las depresiones, con déficit de neuronas y exceso de vello. ¿No hay esperanza para la hormiga? ¿Su trabajo en el hormiguero se ve en peligro, caducado, marchito? ¿Nadie se lo recompensa?
La hormiga da y da pero no recibe.
La hormiga sufre y sufre pero nadie se da cuenta.
La hormiga sonríe pero a los demás no les interesa.
La hormiga trabaja pero nadie se lo reconoce.
La hormiga no es de hierro. 
La hormiga tiene sentimientos.
La hormiga es pequeña pero no por ello es menos que otro.
La hormiga no siempre se comporta como quiere, tiene errores. Nadie perdona a la hormiga.

Quién sabe, cuando quisieran recompensarla, sonreírla, ayudarla, ya habría sido pisada.

lunes, 22 de abril de 2013

domingo, 21 de abril de 2013

Ciento doce

Por alzar la voz se han conseguido hechos memorables y se han perdido incontables vidas. Pero los que lo hicieron nunca tuvieron miedo y pasara lo que pasara lucían orgullosos su cabeza alta. No tenían miedo a los caciques que los gobernaban o esclavizaban, porque cuando iban con sus seguidores detrás se sentían acompañados, se notaban dotados de una fuerza mayor. 
Pero en la historia siempre ha habido traidores. Los que se jactaban de gestas valientes y honrosas que no les pertenecían. Los que prometían dar y defender y no lo hacían, pobres sumisos. Dóciles, como perros y peligrosamente astutos como zorros, a la vez. Los que cuyo "¡Ayúdame!" hacía replantearse ayudar a los receptores del mensaje. 
Lo que no es razonable o adecuado es que paguen justos por pecadores, valientes por cobardes. Los principios que cualquier individuo con razón tiene, son para seguirlos día a día, como los preceptos de determinada religión. La valentía se debe llevar por bandera, siendo cuidadoso de cuando usarla, evitando que sea de cristal, cuando al mínimo golpe puede quebrarse y dividirse en pedacitos diminutos.
Pensad, lectores, en qué hubiese ocurrido en la historia sin pronunciamientos valientes y sin levantamientos de la población que acabaron con duros regímenes tales como la Revolución Francesa. Pensad en qué consecuencias sociales tendría en el momento actual que vivimos. Quizá por esto estuviese siendo buscado por la Inquisición. 
Prefiero seguir mi doctrina a doblegarme ante el trato injusto. Antes alzar la voz para defenderme.