Dije que volvería, y vuelvo, porque siempre vuelvo. Como cualquier goma, dispuesta a estirarse, cuanto se pueda, para volver de nuevo a la posición inicial. Móvil. Adaptable.
Solo me compongo de putrefactas ilusiones, quizá puras y pecadoras, que resisten cada vez menos los golpes del mazo. Que nadie me eche de menos ahora que todavía puedo ayudar, porque cuando desaparezca seré difícil de recordar. He dado lo que no tengo y lo que nadie me ha dado, para ser valorado (y por eso he llorado).
Ayudadme cuando esté en el suelo, incluso más abajo, no cuando otros ya me hayan devorado.
Cuando veáis una gota en mi cara y también cuando necesito ayuda pero no la pido. Hacédmelo fácil.