Querido enemigo:
Quiero escribirte. Quiero escribirte expresando mi odio hacia ti. Te odio, y tú lo sabes. Te odio, y a ti te da igual.
Hace mucho que no hablamos pero hace tiempo, cuando yo tenía menos de diez años y tú eras mi mejor amigo. Tú me acompañabas con mis amigos. Yo te presenté y al principio caíste bien. Pero después te alejabas, y con ello, a mí. Me apartaste de ellos, dentro de un límite, gracias a Dios. Te creías el dueño de mi vida y de mi existencia, dueño de poseerme.
Hacías conmigo lo que querías. Que si al Norte, que si al Sur... Tú me dirigías y me manipulabas como a un muñeco de madera.
Y lo más triste era que tú no te cansabas. Que yo no me daba cuenta.
Continuaba.
Continuaba.
Fui creciendo, madurando aunque muchos no lo crean. Tú cada vez estabas más antipático, como un rey que tiene sed de monarquía absolutista, en la que tiene el absoluto poder.
Pero como el pueblo en aquella época, me revelé contra el rey tirano que me dominaba.
Recuperé a mis amigos más queridos, y me enfadé contigo. No he vuelto a saber de ti hasta el otro día cuando te vi. Procuré evitarte. Y así lo hice.
Solo quiero evitarte.
Ya me diste suficiente. No quiero.
Así que, me despido.
Adiós enemigo. Adiós, Egoísmo.
PD: Dile a tu secuaz el Dinero, que se pudra en el infierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario