Rondo mi cabeza. Inspecciono cada lugar de mi mente. Busco el descanso.
Vigilo que ningún delincuente entre sin permiso. Cada pasillo, algo distinto.
Inspecciono mi mente, rondo mi cabeza, repaso, repaso... Nada. Bien. Como quería. Nada perturba este descanso que tanto deseaba. Ya de por sí es difícil en estos tiempos encontrar un momento que dedicar al descanso. Al cuerpo, a ti mismo.
Me tumbo, me relajo y no pienso.
Solo respiro. No pienso. Solo respiro.
Me concentro en no caer en la rutina de tensión a la que estoy acostumbrado. Respiro.
Se está muy bien. Estoy muy cómodo.
¿Cómodo? ¡Cómodo! Palabra que en cuestión de años se clasificará entre los vocablos antiguos. Comodidad, descanso, relajación... Se borrarán del idioma.
Intento impedirlo. Descanso.
Respiro. No pienso. Respiro.
Destenso cada uno de mis músculos y tendones. Me gusta.
Me tenso, me perturbo.
Mi mente me alerta, mi cuerpo se tensa. No descansa.
Mi pulsación se acelera.
Algo me impide relajarme ahora que se manifiesta en forma de recordatorio.
Me pone de los nervios.
¡Tengo que estudiar plástica! ¡Noo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario