lunes, 21 de mayo de 2012

Cuarenta y nueve

Ser temido como ningún otro.
Ser odiado por los que aman la vida.
El ser que todos evitan, yéndose por las calles iluminadas.
Ese ser que ama lo oscuro, lo mundano. El ser que ama lo malvado.

Ser despiadado, técnicamente astuto, fulminantemente letal.
Es el ser más poderoso, el que tiene el poder absoluto.  Incluso más que el del ser humano.
El más capaz, fuerte, carece de tamaño pero le sobra de lo demás.

¿Aún no lo sabes?

No es un ser cualquiera. Te puede borrar, suprimir.
Eliminarte con un barrido de su precaria pero eficaz escoba.
Ese ser es el que querría ver un suicida, el que anhela un enfermo agonizante.

Es la propia muerte. 
Nuestra vecina, enemiga con la que convivimos en la vida. Que algún día nos barre.
Maestra desquiciadora, absorbedora de energía y ganas de vivir.
Destinados estamos. A lo que nos espera.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.  (Antonio Machado)

Morir es terminar el trabajo de la vida. ¿Reencarnación? Descanso.

Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.  (Leonardo Da Vinci).

Sueño eterno. Descanso placencentero para el alma. Pura putrefacción para el cuerpo.
La muerte no trae solo la negatividad. Si piensas en la muerte, más te aferras a la vida.
La muerte.

Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.  (Charles de Gaulle).

3 comentarios:

  1. Coño, sólo leo últimamente muerte, muerte y muerte. Y ahora tú también escribes sobre ella.
    Yo no puedo escribir sobre la muerte, no sé por qué os resulta tan fácil.

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  2. Porque muchos la hemos sufrido muy de cerca.

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