viernes, 4 de mayo de 2012

Treinta y tres

Hola. ¿Qué tal todo?
¿Bien, no?

A ver, si yo te quería mucho. Hacíamos bromas. Tú te reías. Yo me reía. Y nos comprendíamos, y eso era lo que más me gustaba. Pero… hay veces que no me comprendías lo suficiente. Y me malinterpretabas. No mirabas más allá de tus narices, así que no pudiste conocerme ni valorarme como, quizá, me merecía. Veías lo malo de mis comentarios, no lo gracioso. Eras una superficial, directamente.

Pero, aún así, te quería y te apreciaba. Porque nos parecíamos, y espero que sigamos haciéndolo, por nada que nos veamos y por menos que hablemos.

Todavía, cuando bajo las escaleras del colegio, espero verte en el porche, sentada. Echándote tus cremas blancas que te dejaban la piel más pálida de lo que ya la tenías. Añoro esa carpeta que tanto te distinguía de los demás, y a la que a todos los sitios llevabas. No caías bien a todo el mundo (aunque sí a la amplia mayoría) y cuando sacaban un tema en contra de ti, te defendía con uñas y dientes. Porque te quería. Y tú a mí.

Recuerdo un día en clase. Aquél en el que me echaste una charla sobre la humildad que debía tener un escritor, ya que tú valorabas por encima de todo a dos personas que, vale, puede que lo hiciesen mejor, pero yo no soy egocéntrico. Eso es algo que te perdiste al no querer conocerme. Me contaste que, para ser un buen escritor, es necesario tener mucha humildad y reconocer cuando hay gente mejor que tú.

Te sigo recordando, aunque me cueste admitirlo. Muchos compañeros son los que me dicen: “¡Mira, ahí está Esa!”, queriendo que me gire para que broten muchas carcajadas. Pero no lo tengo en cuenta, ya que lo dicen amistosamente. ¿Te acuerdas del libro que te regalé? Yo sí, aunque nunca llegué a leérmelo.

Tampoco me olvidaré del momento en el que te entregué el libro, cuando me pediste que te escribiese una dedicatoria. Ese fue el momento en el que me di cuenta de que yo no quería que te fueses. Pero que te ibas a ir. Si no, ¿por qué me ibas a mandar eso?

Te echo en falta. Porque cuando escucho “You know I´m no good” me acuerdo de ti, y no sé por qué. Porque la letra (algunas cosas sí) no hablan de nada parecido a nuestra antigua relación.

A ver cuándo vienes a vernos. Aunque sea por última vez.

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