lunes, 25 de junio de 2012

Setenta y seis

Ya estoy extraoficialmente de vacaciones. En realidad, acabo el 26, pero no hacemos nada una vez acabados los exámenes finales, o mortales, recientemente bautizados.

Conforme van pasando los días de mi nueva rutina, tengo más pereza a la hora de hacer cosas. Hace bastantes días que no escribo ni una palabra en este blog, y no sé por qué me pasa esto. Cierto es, que necesitaba el descanso y el verano más que otra cosa en el mundo, pero también es cierto, que con ello, estoy perdiendo mis hábitos.

Quería hacer una entrada, claro. La anterior la hice a gusto, aunque a desgana. No sé si me entendéis. Pero cada día, estoy más lejos de volver a ser el chico que escribe todos los días de la enemiga Sociedad. Volveré, ya lo estoy intentando.

Esta semana, a primeros, iba a irme al pueblo, lo que bloqueaba mis ganas de escribir. No podría de ninguna de las maneras. Pero gracias a cierto miércoles y a ciertas notas del jueves, viajo a la entrega de estas, por la mañana.
Me gusta el pueblo. Me encanta.

Compañeros de mi clase llevan diciendo todo el curso que quieren vacaciones, y a la hora del descanso, no les gusta porque se aburren. Pues no lo entiendo. A mí me gusta descansar. ¿A quién no? A ellos.

Vacaciones, vacaciones. El dedo me puede privar de ver el mar, aún no está seguro que pise la arena.
Ese es el único problema que me causa el verano, a aparte de los 40º que pueden caer sobre nosotros en cualquier momento.

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