Ayer por la tarde, tarde-noche, llegué a mi localidad natal acompañado por algunos de mis familiares más queridos... Y todo eso...
El caso es que estuve en el pueblo, desde el jueves 28 por la mañana, después de recoger las notas, hasta ayer, día de la tan aclamada final de la Eurocopa en la que España podía ganar. De hecho ganó, vaya mierda. ¡Con las ganas que tenía yo de reírme de TODOS los seres humanos que llevaban camisetas de España o algún signo de ella. (Carcajada).
El viaje de ida fue tranquilo, lo que se puede decir algo muy tranquilo, por la escasa presencia de más vehículos aparte del nuestro circulando por la autovía. La vuelta, al principio bien. A 140 por una carretera de 120 pero después a 40 por una carretera de 120. Había un atasco tan brutal, que me quedé siete minutos mirando el cartel de Talavera, próxima entrada. Me ayudé de mi MP3 para no caer en el canibalismo.
Lo mejor fue la estancia allí. En cuanto entras en esa casa, la ganas te lanzarte sobre el sofá y ver la tele. La pereza se hace reina de tu vida. Sin cobertura en el móvil, salvo cuando tengo oportunidad de ponerlo en algún lugar donde tiene una rayita. Por las tardes, mientras mis familiares duermen la "siesta" yo me bajo a una salita que tenemos, anexa a la cocina, y donde comemos y cenamos en invierno. Allí, me he leído unas 210 páginas de una biografía de Enrique VIII de Inglaterra. ¡Lo que hace el aburrimiento! Aunque no me importó, me gustan esos temas.
Una mañana nos tuvimos que ir al pueblo contiguo al nuestro (no diré nombre para no especificar demasiado mi posición), dado que el nuestro no tiene apenas dos tiendas, y si en una encima te ponen comida caducada... Nos vemos obligados a ir al siguiente pueblo, que tiene Mercadona, Día... y muchos más para elegir, además de gasolineras, etc.
La gracia estuvo cuando fuimos a tomar el aperitivo esa mañana. A la entrada del oscuro bar, pese a ser las 13:30, había un coche. La marca me era conocida y el diseño también. Pero no me quedó claro si existía un:
Imaginad mi sorpresa. Al segundo comprendí que sería de alguna chalada que compró la A.
Todo esto, ocurría mientras mi hermana estaba con sus amigos de viaje a Guardamar, donde su amiga tiene un chalet. Y no paraba de enviarme imágenes de este tipo:
Podría matarla por intentar matarme de envidia. Ahora mismo está en su cama, dormida, agotada por el viaje de vuelta y por la vida frenética que tuvo que vivir allí. Puedo acabar con su vida.
Pero se la perdonaré, pobrecilla.
Aún hago uso de todo mi poder e influencia para ir yo también.
En fin, ese ha sido, es y será el pueblo.


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