Llega la época ineludible, la Navidad.
Es la época por excelencia en la que más se promete, más se ríe, más se llora...
Es la época en la que las personas tendemos a salir, relacionarnos e, inconscientemente, parodiar canciones como Rehab:
Voy a quedarme en paro en dos mil trece, nou nou nou,
viviré con mi madre en dos mil trece, nou nou nou...
o la canción eurovisiva de Salomé:
Desde que llegaste ya no vivo llorando,
vivo metiendo, vivo follando...
La época de podrida hipocresía, de deseos envenenados, de deseos, deseos vacíos de buen sentimiento, que es por lo que hasta ahora se ha caracterizado la Navidad.
No sé vosotros, pero yo no tengo sed de regalos, como los niños, y tampoco tengo sed de ir a cenar con los suegros y la familia de mujer en Nochebuena, como los "adultos". La Navidad es aprovechada por todos para exprimir el jugo y llevarse el beneficio. Es como el día de San Valentín.
Maldito consumismo. Esencia que todos tenemos. Como un cáncer.
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